PERU:
Frente a la crisis internacional
SISTEMA
FINANCIERO
En el 2009, en medio de la
peor crisis financiera en 80 años, el sistema financiero en general tuvo un
buen desempeño. Los efectos de la crisis sobre el sistema bancario (y
financiero) del Perú fueron comparativamente pequeños en comparación con otros
países. A más de un año de iniciada la fase crítica de la crisis, no se observó
en el Perú una contracción del crédito y las tasas de interés de la mayoría de
tipos de crédito regresaron a niveles pre-crisis o incluso a niveles menores
por la política expansiva del Banco Central. Y si bien el ritmo de crecimiento
del crédito ha mostrado una moderación marcada, resulta fundamental destacar que ésta se debió
principalmente a una menor demanda desde el sector real de la economía, y no
por un rompimiento en la cadena de pagos.
El principal impacto de la
crisis económica sobre el sistema bancario fue la marcada desaceleración en el crecimiento de las
colocaciones desde comienzos del 2009. La cartera total del sistema, que crecía
a tasas superiores al 30% anual desde mediados del 2007, redujo su tasa de
crecimiento a aproximadamente menos del 7% a fines del 2009. A pesar de la
fuerte desaceleración, esta tasa coloca al Perú como uno de los líderes en
crecimiento del crédito en la región.
EL
BALANCE 2009 FUE POSITIVO
El mayor impacto de la
crisis en el Perú fue el ajuste del crecimiento del PBI, el cual pasó de 9,8%
en el 2008 a 1,1% en el 2009. Pero a pesar de ello, el balance del 2009 fue
positivo: las empresas se mantuvieron sólidas, no hubo pérdida de bienestar en
la población ni daños permanentes en la economía. Como consecuencia de ello, se
podría decir que la imagen del Perú a nivel internacional se vio
fortalecida.
a) Las empresas se
mantuvieron sólidas a pesar de la crisis.
Durante los años de alto
crecimiento económico, las empresas en
el Perú lograron desarrollar fortalezas que le permitieron ser menos
vulnerables ante una crisis: aumentaron su patrimonio y redujeron su nivel de
apalancamiento.
b) No hubo pérdida de bienestar
en la población.
El empleo continuó
creciendo, y en Lima el gasto que más se ajustó fue el de los consumidores de
más altos ingresos. Esto significa que en promedio la población no redujo su
consumo, y aquellos que lo hicieron (sectores más altos) no cortaron gastos
esenciales como alimentos. Como resultado de ello, el consumo privado continúo
creciendo, a diferencia de lo que ocurrió en la mayoría de los países del
mundo.
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